Buceando en Polinesia

Buceando en Polinesia con Adolfo y Amaia

Adolfo, buen viajero y entusiasta del buceo, llevaba tiempo soñando con viajar a Polinesia Francesa, uno de los mejores destinos del planeta para disfrutar la pasión por la inmersión submarina. Con casi un centenar de lugares de buceo, Dive clubs de referencia mundial y un millar de especies marinas nadando en sus islas y atolones, los mares del sur representan el paraíso para todo devoto del buceo.

Parque Nacional Corcovado y Reserva Biologica Isla del Caño en Costa Rica.

En la Península de Osa, Pacífico Sur, se encuentra uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta, y el área protegida más importante de Costa Rica. “El lugar más intenso, biológicamente, del planeta”, según la National Geographic Society. No por nada se la compara con Galápagos: ambas poseen un valór único en el mundo. Desde 2003, es Patrimonio Natural de la Humanidad.

Eva y José en Argentina

Testimonio de viaje a Argentina de Eva y Jose

Eva y Jose, que después de dieciséis días recorriendo Argentina en octubre pasado nos enviaron este email: “Un pequeño e-mail para daros las gracias por ayudarnos a crear este viaje y por hacer que haya sido una experiencia inolvidable; nos llevamos muchos relindos recuerdos de Argentina…».

Los Bishnoi de Rajastán: el arte de vivir en comunión con la naturaleza.

Érase una vez una comunidad de pastores y agricultores que vivía en aldeas de adobe en lo más profundo del Desierto del Thar en Rajastán, India. Seguían los 29 preceptos dictados en el siglo XV por el visionario Guru Jambeshwar: meditación, higiene, abstinencia de alcohol y tóxicos, veneración de Vishnú, vegetarianismo estricto, y sobre todo, respeto absoluto por la vida de todos los seres vivos del planeta. Por ello, cuando allá por el siglo XVIII, el maharajá de Jodhpur, ordenó talar uno de sus bosques, muchos Bishnoi, liderados por una mujer, Amrita Devi, se rebelaron y se ataron a los árboles para impedir su tala.

Qué hacer en Tahiti – diez razones para explorar Tahiti

A menudo subestimada por considerarse demasiado “desarrollada”, hay viajeros que sólo la visitan por razones de operativa aérea, ya que el aeropuerto de Faa’a en Papeete es la puerta de entrada y salida del archipiélago. Y por ello rara vez es el objetivo principal del viaje. Sin embargo, esta isla de unos 1000 kms² (el doble que Ibiza) con cimas tapizadas de densa vegetación que superan los 2000 metros y desde cuyas faldas bajan espectaculares saltos de agua y cascadas, esconde un interior realmente salvaje y cuenta con la mejor oferta comercial, de restauración, ocio nocturno y de turismo activo de las islas.

Intercontinental Bora Bora Resort & Thalasso Spa. Bienvenidos al paraíso.

Ubicado en el Motu Piti Aau, una isla coralina que forma parte del arrecife de Bora Bora y frente al majestuoso Monte Otemanu, este fantástico resort disfruta de una playa de arena blanca de 300 metros y es referencia tanto para la hotelería de lujo de Polinesia como para los centros termales del Pacífico Sur. Ahora bien, el lujo aparece aquí sin ostentaciones ni falsos exotismos, tan contemporáneo que uno de sus principales valores es la conciencia medioambiental.

Hotel Kia Ora Rangiroa de Polinesia Francesa

En las proximidades del aeropuerto y del núcleo urbano de Avatoru, la propiedad del resort se extiende sobre el propio arrecife de coral a lo largo de una playa de arena blanca frente al inmenso lagoon que forma el atolón. Acoge distintos tipos de acomodación: Beach Bungalows, Beach Suites, Junior Suites, Executive Suites, Pool Villas y Overwater Bungalows, estos últimos construidos con pilotes sobre la misma laguna. Cuenta con restaurante, bar y zona de spa.

Un baño en las playas fluviales del río Negro cerca de Manaus.

El fascinante contraste entre la blancura impoluta de la arena de las playas fluviales del río Negro y el color oscuro de sus aguas es la suprema expresión de la belleza de este entorno, visualmente tan distinto a la imagen típica de una playa del Mediterráneo o del Caribe. El horizonte no es distante, ya que divisamos perfectamente la otra orilla. Pero ahí no se acaban las diferencias; la forma y el tamaño de las playas de la cuenca amazónica cambian constantemente, siguiendo la danza de los ritmos naturales de las aguas fluviales.